Los comunicadores: nuevos intelectuales

Victor Berges
By -
0

Resulta paradójico que hoy, cuando más importante es la palabra como medio de comunicación y de socialización del individuo, esta haya caído en manos de un nuevo tipo de intelectuales: los presentadores de TV y los “programeros” de la radio, los cuales vulgarizan todo tipo de conocimientos, manipulan y embotan la capacidad de discerniendo de su radio y tele audiencia, convirtiéndola en un mercado cautivo económico o político.

Muchos de los miembros de este nuevo segmento social, tienen ganancias millonarias, en algunos países los hay que facturan decenas y hasta centenas de millones de dólares o euros al mes o al año, dándose el caso de unos que se han convertido en los hombre o mujeres más ricas de sus países. Algunos ganan su dinero en el estricto marco de la nueva función de la comunicación en la esfera de la economía, otros en el campo de la política, agitando fantasmas y metiendo miedo a la población sobre el “peligro” de la población migrante, entre otras formas de intimidación.

En el caso de nuestro país, los hay de toda laya, pero la mayoría logra sus ganancias al desarrollar sus actividades en el mundo de la política y como promotores de determinados políticos en un proceso de plena expansión de la corrupción que corroe los cimientos de esta sociedad. Estos nuevos intelectuales/manipuladores tienen en el mercado político y específicamente en los gobiernos, en los jefes de facciones partidarias, en los simples miembros de la clase política y en los candidatos a cargos públicos, un mercado en pleno florecimiento y diversificación.

En efecto, en los últimos tiempos todos los gobiernos han invertido grandes sumas de dinero en la compra, cooptación o neutralización de la mayoría de los periodistas que trabajan en los principales medios, tanto radiales como televisivos. La comunicación es uno de los principales gastos de los gobiernos y en el caso de la presente gestión, se dice que se despilfarran entre siete y cinco mil millones de pesos anuales en este renglón.

Por tal motivo, la mayoría del personal de los principales medios (por acción o inhibición) está al servicio del gobierno de turno, y a veces no es fácil establecer si la línea editorial de estos obedece a su propietario o al gobierno. La influencia y por tanto el poder que logran tener algunos comunicadores les permite lograr una independencia relativa de los propietarios de los medios en los cuales trabaja. Ejemplos los hay de sobra.

Esta es otra expresión de la corrupción; pero lo que es peor es que esa independencia relativa, está tomando un nuevo giro: ya no se conforman con ser intelectuales de nuevo tipo, sino políticos de nuevo tipo. En efecto, no son pocos los programeros y presentadores que explotando al máximo su poder derivado de su permanente presencia en los medios, se han convertido en nuevos miembros de la clase política y por tal motivo negocian con los partidos. Se dan casos como el de una emisora que tiene dos programas radiales con nombres similares y con igual formato, de los cuales tres o quizás cinco, presentan sus candidaturas a puestos ganables en las boletas electorales.

La influencia del medio aludido determina la influencia del comentarista, la cual es explotada económica y políticamente para sus propios intereses, desnasturalizando, por lo tanto, la función de la comunicación y de la política misma en tanto actividad que se ejerce por vocación, no por interés.

En tal sentido, con estupor, no solamente vemos como se reduce la función de los intelectuales tradicionales y de la palabra como medio de comunicar conocimientos seriamente elaborados, sino la aparición de nuevos intelectuales que, muchos de ellos, enriquecidos a través de la generalizada corrupción en que discurre el sistema político de este país, engrosan la fila de una clase política igualmente corrupta.

Por: César Pérez
Tags:

Publicar un comentario

0Comentarios

Publicar un comentario (0)