La 'generación MP3', camino del aislamiento

Victor Berges
By -
0

Lucas tiene 13 años y durante unas ocho horas al día no escucha a nadie ni habla con los demás. Ese tiempo no es el que dedica a dormir. Son las horas que pasa con los auriculares de su reproductor

MP3 puestos. Mientras oye las canciones de sus grupos favoritos hace todo lo que haría si apagara su iPod. Navega por Internet, se queda en su habitación a fantasear, intenta hacer sus deberes, acompaña a sus padres al supermercado o sale a pasear por el barrio con sus amigos. Sólo hay un detalle atípico: en su vida faltan las palabras y la comunicación directa.Al igual que el 85% de los adolescentes menores de 15 años, Lucas es usuario habitual de un reproductor MP3. Lo que le diferencia de la mayoría de jóvenes de su misma edad es que su afición se ha convertido en una obsesión. Por esta razón, su caso está siendo tratado.

Los reproductores MP3 e iPod se han convertido, en menos de una década, en uno de los productos de la industria del ocio más vendidos de la historia. En 2007, Apple alcanzó los 100 millones de iPod vendidos; iTunes es la mayor tienda del mundo de canciones, discos y programas pregrabados (podcasts) pensados especialmente para estos dispositivos portátiles, presentes, según un estudio del Ayuntamiento de Madrid, en casi el 20% de los hogares españoles. Tanto es así que, en los últimos meses, los expertos han empezado a preguntarse si su abuso, más allá de las posibles pérdidas auditivas, acarrea riesgos psicológicos y puede convertirse en un problema social.

Javier Abril, psicólogo que ha estudiado casos parecidos al de Lucas y docente de la Universidad San Vicente Mártir de Valencia (UCV), tiene las ideas claras al respecto: "El abuso de estos aparatos provoca el aislamiento de los más jóvenes, tanto en el entorno familiar como entre los amigos. Además, puede inducir a la aparición de ansiedad, afectar a la autoestima y magnificar algunos miedos de la adolescencia. De todas formas, el problema fundamental es la falta de autocontrol en una edad en la que los padres deben ejercer su función de guías".

Un amplio estudio sobre la relación entre nuevas tecnologías y comunicación, realizado por un equipo de psicólogos de la clínica universitaria de la UCV, deja claro que el uso de las tecnologías no suele constituir la única causa de estos problemas. Aunque, añade Abril, "la utilización excesiva de esos reproductores puede despertar en los menores de 15 años no sólo problemas de carácter psicológico, sino que implica también el sedentarismo físico. Los chavales pueden pasarse el día entre el sofá y el ordenador sin hacer ningún tipo de ejercicio físico".

Todo lo contrario de lo que ocurre con los que utilizan los reproductores MP3 mientras hacen ejercicio en el gimnasio o salen a correr. Porque, generalmente, se trata de otras generaciones de usuarios. De todas formas, si las organizaciones de consumidores y algunas asociaciones de padres recomiendan, ante todo, "el sentido común", hay expertos que recuerdan que "cualquier actividad, incluso la lectura, puede ser mala, si se utiliza para huir de la realidad y aislarse". Pero ¿quién decide? Y, sobre todo, ¿es posible definir unos límites?

En opinión de Abril, entre los indicadores que pueden alertar de una especie de adicción al MP3 se encuentra el uso durante más de dos horas diarias. "Aunque es importante destacar que más que una cuestión de tiempo se trata de una cuestión de formación y de educación", dice. "Los padres tienen que aprender a decir que no y, si no pueden hacerlo, pedir ayuda a los profesionales". Porque es muy importante que los adolescentes, que se encuentran en una fase crucial para el crecimiento, "aprendan a comunicar y compartir sus opiniones con los demás, a partir de los padres y el entorno familiar, y a defenderlas ante ellos".

Sin embargo, los MP3 no son sólo el símbolo de millones de adolescentes. Desde finales de los noventa, han entrado a formar parte de nuestra vida cotidiana cuando nos desplazamos en el metro o practicamos algún deporte, por la calle, en el trabajo, incluso en el coche. Y los estudios prevén que, ahora que las compañías de telefonía móvil han empezado a implementar ese dispositivo en los celulares, su difusión crezca cada vez más. Tanto es así que, en febrero, un senador demócrata de Nueva York, Carl Kruger, propuso, por razones de seguridad, multar con 100 dólares (68 euros) al que cruzara una calle con un teléfono móvil, un reproductor de música o consola de videojuegos portátiles encendidos.

La iniciativa no prosperó, mientras que, por ejemplo, sí tuvo éxito otra, impuesta por la federación estadounidense de baloncesto (NBA). ¿El resultado? Algunos jugadores estrella tienen prohibido encender su iPod cuando faltan 20 minutos para los partidos: "Para no aislarse, perder la concentración y acordarse de que no van a jugar solos".

Para observar cómo se puede comportar una parte de aquella franja de usuarios que ya ha vivido su adolescencia, nos vamos a otro escenario. Estamos en una discoteca de Málaga o un club de Alicante, un fin de semana cualquiera. Algunos disc jockeys especializados en distintos estilos musicales ya han subido a la mesa para pinchar.

En la pista, los asistentes empiezan a bailar. Sin embargo, en lugar de moverse todos al mismo ritmo, lo hacen al compás de rock clásico, hip-hop, salsa, música electrónica, jazz, house... Todos al mismo tiempo. Porque cada uno lleva unos auriculares inalámbricos conectados al canal de música que prefiere.

La escena, vista desde fuera, puede parecer una performance artística. Pero no. Se trata de una forma de entretenimiento como otra. El mercado del ocio conoce sus gustos y esta Fiesta Silenciosa, lanzada en 2005 por una productora andaluza, ya es una marca registrada. Uno de sus promotores, el malagueño Manuel Rincón, incide en sus ventajas: "Escuchar en soledad puede convertirse en la posible solución de toda aquella sala que no está debidamente insonorizada o que no tiene licencia de música hasta altas horas de la madrugada; ya que se garantizaría el descanso a los vecinos y aseguraría la diversión de los clientes y la comunicación", dice.

¿La comunicación? Para Tomeu García, 24 años, quien el año pasado participó en esa fiesta durante sus vacaciones en Mallorca, sí es posible hablar si se baja el volumen de los auriculares. "De todas formas", admite, "me parece un tipo de diversión que da la idea de los gustos de mi generación, en la que cada uno va a lo suyo".

Y es que, más allá de las buenas intenciones de los promotores, este formato de fiesta, que incluso ha ganado un premio a la mejor idea empresarial, casa con las actitudes de una generación que maneja muy bien las nuevas tecnologías, ha crecido conectada a Internet y se mueve a sus anchas entre comunidades online. Una quinta de jóvenes que tienen entre 18 y 36 años llamada por la psicóloga estadounidense Jean Twenge Generation Me (Generación Yo) en su libro homónimo.
Tags:

Publicar un comentario

0Comentarios

Publicar un comentario (0)